Memoria de la naturaleza: el ritmo de la vida, por Diógenes Ballester

En la actualidad, existe una brecha cada vez mayor entre el ser humano y su entorno. La vida en las ciudades, donde encontramos comodidad y servicios, nos separa cada vez más de los ritmos del mundo natural. Las personas ávidas de reconectar con la naturaleza tienen que hacer frente a la dificultad de acceder a un medio ambiente desconocido y deteriorado. Algunos se acercan a culturas antiguas o diferentes a la de la globalización occidental en busca de claves para recuperar la conexión perdida, y uno de ellos es el artista puertorriqueño Diógenes Ballester (Ponce, 1956), que se percibe a sí mismo como un “arteologista” o artista arqueólogo. En la exposición Memoria de la naturaleza: el ritmo de la vida, Ballester utiliza el arte y la tecnología para traer al momento actual un conocimiento milenario, procedente de la filosofía tántrica hindú pero también conectado con la cosmovisión taína y yoruba, que lo hacen especialmente relevante en el contexto de Puerto Rico y el Caribe.

La propuesta de Ballester consistió en cuatro cuadros de gran formato y ensamblajes que representan las cinco tattvas o energías de los elementos naturales: Akash (éter), Vayú (aire), Teyas (fuego), Apas (agua) y Prithvi (tierra). La instalación también tuvo un contenido virtual, al que se accedió desde un módulo tridimensional en el centro de la sala con monitores conectados a Internet. La iluminación de las pinturas y esculturas iba cambiando a lo largo del día, siguiendo los ciclos cósmicos de las energías en la localización exacta del museo en Ponce. De esta forma, en Memoria de la naturaleza, Ballester utilizó el arte para estimular al visitante a conectar con las energías del entorno natural y reflexionar sobre la importancia de su cuidado.