Entre Luces y Sombras
Luego de casi cien años bajo el dominio de la dinastÃa de los Habsburgos, en el año 1579, siete provincias del norte de los PaÃses Bajos, lo que hoy conocemos como Holanda, se sublevan en contra del imperialismo español y la imposición de la fe católica. Como resultado, lo que anteriormente era una región unida, con una historia, cultura e idioma en común, se divide en dos: la Republica Holandesa Protestante y los PaÃses Bajos Españoles o Flandes, territorio equivalente a lo que hoy es Bélgica.
Este suceso fue trascendental en la historia del arte occidental en el siglo XVII. La producción artÃstica en ambas regiones florece, pero motivada por circunstancias diferentes. En Flandes, ahora un bastión de la Iglesia católica, se reemplazan las obras religiosas destruidas por los iconoclastas durante la revolución. A la vez, prospera el mercado del arte en donde abundaron pinturas religiosas, mitológicas y retratos realizados por artistas de renombre internacional. En la República Holandesa, el arte religioso pierde preeminencia luego de que las iglesias fueran despojadas de toda imagen religiosa. De ahora en adelante, la mayorÃa de los encargos artÃsticos provienen de una burguesÃa con alto poder adquisitivo. La ausencia del mecenazgo religioso fomentó la producción artÃstica para el mercado libre donde prevalecÃan cuadros de pequeño formato con escenas de género, bodegones y paisajes imbuidos de conciencia nacional.
Sin embargo, debido a la multiplicidad de tradiciones compartidas, tanto la pintura barroca flamenca como la holandesa mostraron un interés particular en la representación de la luz: en la iluminación de superficies, el uso de la luz y la sombra en el modelado de las formas, y una visión intelectual de los efectos lumÃnicos atmosféricos que generan la luz siempre cambiante de la región. Esta semejanza se resalta en Entre luces y sombras: Pintura barroca del norte de Europa, exposición que presenta una muestra de la magnÃfica colección de arte flamenco y holandés que don Luis A. Ferré adquirió desde 1956 para el Museo de Arte de Ponce. De suma importancia en el desarrollo de esta colección fue el consejo que recibió por más de cuarenta años de parte del reconocido historiador del arte, Julius S. Held, especialista en la obra del maestro flamenco Pedro Pablo Rubens, el artista más importante en el barroco del norte de Europa.